Violinista de Oro

Fila frontal,
suerte deliciosa.

Tu estoicismo simulado…
Concentrada estás,
pero por dentro no tan quieta
como tu cuerpo aparenta,
pues sucede en tu alma una tormenta.

Sublime música.

Curiosidad mucha te queda,
y múltiples veces volteas.

Tus ojos eléctricos se mueven siguiendo el pentagrama,
pero no se detienen al final de la línea,
continúan deslizándose hasta parar en un ángulo
perfecto para que yo los admire.

¿Qué es lo que tú admiras?
¿Acaso soy yo?
No tengo tanta suerte.
Quizá solo es la inercia sutil del movimiento del arco.

O quizá es que te sublimas
al mirar a cuantos has hechizado…
Toda esa gente detrás de mí.

No me miras y aun así
tengo suerte porque te miro,
haciendo magia,
tocando ese violín,
hechizando a todos,
en especial a mí.

Violinista dorada,
tu inocente faz,
tu sonrisa al final…

Los aplausos te iluminan,
tan sublimemente,
tan divinamente.

Te levantas
y lo besas,,,
Quisiera ser él
porque lo besas…

¿Por qué lo besas?
¿Acaso algo te ha emocionado tanto
que te ha hecho desear
sentir algo en tus labios?

La luz del reflector lustra
tu rostro perfecto,
violinista de oro.

Cerúleo Ensueño

Soñete ayer:
Pneuma, viento, aves, amor…
Dos cuerdas y un bandoneón.

Poemas con mi pluma te esbocé:
tinta azul sobre tu piel de papel.

Hálitos eufóricos:
transmutación fascinante;
de platino ventanas
y no de cristal.

El tango
avivó tu magnetismo,
cantando
nuestros cuerpos unimos,
y con vaho
las estelas esfumamos.

«Di no a lo imposible»
me advirtieron,
pero ellos nunca te conocieron.
Y yo tampoco.