Bar Imaginario

Epístola enviada a Vanessa el 8 de julio de 2010, presentada aquí tal como fue escrita originalmente.

Vanessa:

El día ha sido un simple día. Ayer dos o más personas me reclamaban simultáneamente mi inmadurez, mi tonta concepción de la vida, mi insistencia en no querer estar solitario. Aparentemente ellos «aprendieron» a apreciar la vida que tienen, se liberaron y estuvieron felices con su vida; tuvieran novias o no, tuvieran amigos o no, tuvieran familia o no.

Pero yo creo que los inmaduros son ellos, creyendo que la soledad es la perfección de la vida, si esta te toca, y si no te toca, lo que sea que tengas debe satisfacerte ¡Maldición! No puede ser así, de haber sido así no existiría ninguna tecnología, no existiría este mundo tan modificado por los humanos. Si lo que tenían era lo perfecto y suficiente para que fueran felices, ellos debieron haber estado felices con su nula tecnología y su vida de desnudez y dormitar bajo la sombra de los arboles.

Si argumentara eso a esa gente loca, ninguno podría responderme, porque no querrían darse cuenta de sus verdades, les dolería, y eso es algo que sus cuerpos ya sedados por su autoengaño no podrían tolerar.

Me dan ganas de salir, e ir a cualquier lugar del mundo a pasar el tiempo, y esperar un momento a mirar que pasa, a mirar si en verdad esas locuras son verdaderas. Pero se obscurece ya en la ciudad y no se a donde ir, además la pobreza hace que el mundo me obstaculice mi existir, por lo que salir no es una opción realizable. Y lo que verdaderamente me lo impide es que no tengo a nadie con quien salir, ni siquiera mi papá, si se lo propusiera me respondería explicándome lo ocupado que está, me reclamaría mi falta de «consideración», y hasta me pondría a una ocupación, obligándome a hacerla porque «nunca hago nada».

No tengo otro remedio que hacer lo que esos malditos pseudoamigos míos quieren que haga: fantasear solitariamente. Lo haré, pero no a su manera perdida y engañosa, sino a la mía, donde aún tengo consciencia y no me miento permanentemente.

§§§

Estoy en un lugar, algún lugar con buena música a volumen medio, y bebidas de todo tipo, incluso alcohólicas.

«Señorito ¿Qué desea tomar?» –me dice una chica de amable aspecto y rostro ligeramente bello.

«Deseo…¿Qué es lo que podría tomar?»

«Vodka, whisky, brandy, cerveza…vino tinto»

«¡Vino tinto!…No lo creo, podría si fuera esta una ocasión especial…beberé agua»

«En un momento se lo traigo señorito»

Al menos la música es decente. Las sillas no son muy cómodas pero si aceptables.

«Aquí está su vaso con agua»

«Gracias»

¡Es insoportable! ¡Puedo ver a través de mi bebida! Me duele la espalda y mis brazos siguen algo adoloridos por la terrible enfermedad que me atacó hace algunos días.

Contemplo el vaso con agua, contemplo el agua en el vaso. Un liquido transparente que roba los colores de lo que le rodea, así ahora el agua es del color de mi mano.

Me recuesto sobre la mesita sin cerrar los ojos, trato de beber el agua del vaso, pero se derrama sobre mi cabeza; mi cabello está ahora empapado, mi piel mojada ¡Nada mejor para ambientar este momento que un canción sobre una metralleta! La banda parece saber lo que pasa y la interpreta.

¿Acaso no puede pasar algo verdaderamente agradable el día de hoy? ¡Algo más que cabellos húmedos y sucesos intrascendentes!

«Dan» –me dice una suave voz…ignoro su llamado.

«Dan» –me dice nuevamente la dulce voz femenina, y la sigo ignorando.

«¡Dan!» –me grita la voz, y yo finalmente le respondo, aunque permanezco en mi posición y no la volteo a ver– «¡No me importa que tan dulce sea tu voz! No tienes porqué gritarme así. Tu trato es inadecuado y me incomoda».

«¡Ah si! Pues tu no debía haberme ignorado desde el principio»

«Tu no debías desconsiderar mi situación tan delicada»

«¿Cuál situación? ¡Solo estás tirado ahí totalmente ebrio y perdido del mundo exterior!»

«Solo dime que rayos quieres»

«Tu maldita compañía»

«¡Mi maldita compa…» –me levanto y volteo a mirar a la mujer que me habla– «…ñía! ¡Oh santo cielo! ¿Qué haces aquí?» –descubro que quien me habla es mi última amiga Vanessa.

«Busco tu compañía»

«Mi compañía…eso es una grata sorpresa, totalmente insesperada»

«Como todas las sorpresas»

«Así es»

«Dan, me “nació” del corazón salir a buscarte, y te encontré aquí, en este bar imaginario»

«Así es Vaneßa, estoy aquí solitario, pasando las horas que me quedan por vivir, haciendo lo que para ustedes es tan liberador, y para mi insensato»

«¡No Dan! ¡No me has entendido!»

«¿Tú crees? ¡Yo ya te entendí! ¡Mira! Estoy haciendo lo que tu dices que se debe hacer ¡Pero no siento nada!»

«Entonces no lo estás haciendo bien»

«Claro que si, he estado aquí tirado por horas mirando este vaso y el agua que está dentro de él ¡Ya debería ser muy libre!»

«Pues si»

«Pero no lo soy, no lo soy…es que nada de eso funciona…»

«¡Si funciona! Solo mírame, yo estoy siendo liberada, en mi está funcionando»

«No es eso lo que funciona, eres tú, solo tú, quien crea todos esos efectos en ti»

«No es verdad»

«Si lo es, lo es…si tu no te creyeras esas cosas no sucedería nada así en ti, así como no sucede nada en mi porque yo no lo creo. Nada de esto te libera, eres tú quien se cree liberada, te convences de que sus efectos son esos, y simplemente los sientes»

«¡Dan! ¡Dan! ¡Cállate!»

«Lo haré»

Me callo. Ella toma asiento, justo a lado de mí, y comienza a mirarme con sus ojos color cian. Me dejo llevar por su mirada, la miro profundamente. Sus ojos están estáticos, pero parecen tan dinámicos reflejando las tenues luces provenientes del escenario donde la banda toca esa vieja melodía que celebra el ser campeón. Su rostro es, como siempre lo ha sido, único; y su ondulado cabello lo rodea.

Mis labios se separan un par de milímetros, y el aire desde mis pulmones sale por esa pequeña abertura…estoy suspirando ¿Qué sucede? ¿Por qué me empiezo a sentir así?

«Vaneßa, este es un hermoso día azul de sol» –le digo con suavidad.

«Lo es Dan…» –me responde, aun con más suavidad.

Me recuesto en la mesa, y ella hace lo mismo, exactamente al mismo tiempo que yo. Continuamos mirándonos.

«Vaneßa…»

«Dime, Dan…»

La silla se ha convertido en el asiento mas cómodo de todos…

«Dame tu mano»

Me la da. La silla se vuelve tan cómoda que siento estar sentado sobre el aire.

«Vaneßa…he sido un ser muy frío, nunca te expresé lo que debí haber expresado»

«No lo creo Dan…tus manos son tan tibias…»

Mi cuerpo no lo siento ya, solo siento la mano de Vanessa.

«Vaneßa…debí habértelo expresado en esos momentos…»

«Tu mirada es enternecedora Dan»

Mis ojos se nublan…estoy ciego…pero aún puedo ver Vanessa, rodeada de todos esos colores…

«Vaneßa,,,»

«Dan…»

«,,,»

«,,,»

Atte. Dan

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